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¿Por qué se llaman TCA si su raíz no está en los alimentos?

  • alimentandoemocion
  • 29 ene
  • 3 Min. de lectura

Profundizando en la raíz de los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA), nos encontramos con que son considerados parte de las enfermedades mentales más serias en el campo de la salud física y mental. Suelen desarrollarse en contextos con limitaciones emocionales y ambientales; entornos familiares, sociales y culturales que no favorecen la expresión emocional segura, una comunicación abierta o una validación afectiva adecuada. Ambientes con una alta exigencia, conflicto constante, sobreprotección, violencia, estigmatización del cuerpo o presión social en base a ideales estéticos, se convierten en factores de riesgo. Pero, ¿realmente desde dónde inicia un Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA)?. La respuesta se debe a que los TCA no surgen únicamente de la relación con la comida, sino de una compleja interacción entre factores emocionales, contextos, experiencias adversas tempranas y dificultades en los procesos de regulación interna. La comida, de manera simbólica se convierte en la forma en que la persona expresa todo aquello que no ha podido sostener emocionalmente.


Todo comienza desde cómo aprendemos a manejar nuestras emociones cuando somos niños; si el desarrollo emocional es débil, también se vuelven frágiles nuestros vínculos interpersonales, los cuales nos llevan a la incapacidad de manejar y regular las emociones abrumadoras que experimentemos, como por ejemplo ira, tristeza, frustración y culpa. Esta dificultad puede surgir desde la creencia negativa de ver a las emociones como algo aterrador, malo o que muestra debilidad.


Así que, comprender que los síntomas y conductas de  un TCA funcionan como una forma de manejar emociones intensas en situaciones interpersonales e intrapersonales, nos permite ver estos síntomas como un medio de escape. Estas conductas generan un efecto adormecedor sobre la activación emocional negativa y reducen la intensidad de lo que uno siente.  


Asimismo, otro papel del TCA dentro de la regulación emocional, es ser un medio para ofrecer una sensación de control en períodos donde la persona percibe que lo ha perdido. Es como si el enfoque en la comida actuara como una distracción para alejar emociones como la tristeza o la ira. No obstante, es importante mencionar que estas dificultades llevan a problemas en las relaciones interpersonales y, como consecuencia, a aislarse por la preocupación constante sobre cómo los demás los perciben. Esa voz llena un vacío, ofreciendo una sensación momentánea de seguridad y apoyo ante las emociones, y actuando como sustituto de aquellos vínculos que no se sienten accesibles o seguros.


Nuestras experiencias ambientales van a influir en cómo vamos a percibir y manejar las emociones en contextos personales y sociales. Cuando estas emociones no favorecen el desarrollo integral, es más probable que surjan estrategias internas y externas disfuncionales para manejar lo que sentimos. Desde una perspectiva integral, se comprende que los TCA son el resultado de la interacción de factores sociales, psicológicos y biológicos.

-       Los factores sociales a través de la presión social por alcanzar ideales corporales irreales y la influencia del entorno, principalmente familiar.

-       Los factores psicológicos que incluyen dificultades en la regulación emocional, baja autoestima, perfeccionismo, pensamientos rígidos y la autocrítica.

-       Los factores biológicos, que contemplan la predisposición genética o alteraciones químicas del cuerpo que aumentan la vulnerabilidad al trastorno.


Esto nos invita a reflexionar sobre la importancia de construir formas más saludables y efectivas de gestionar nuestras  emociones.


Elaborado por: Swetenia Zenil Castro.

Psicóloga en formación. Actualmente estudia la carrera de Psicología en la Universidad Anáhuac Puebla. Mantiene un profundo interés por los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) y su primordial objetivo es centrarse en visibilizar la lucha interna que combate una persona en relación a su cuerpo, moldeada por estándares sociales y culturales dañinos que permean la conducta y generan patrones con la comida marcados por culpa, vergüenza e insatisfacción.


Referencias:

Henderson, Z., Fox, J., Trayner, P., & Wittkowski, A. Emotional development in eating disorders: A qualitative metasynthesis. Clin Psychol Psychother, 26(4), 440-457. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6766861/pdf/CPP-26-440.pdf


Foto de On Shot
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