La culpa al comer: una batalla invisible
- alimentandoemocion
- hace 6 días
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Dentro de los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA), principalmente en la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón, es importante conocer que existe una profunda alteración en la relación que el individuo establece con la comida, el cuerpo y sobre todo, con sus emociones. Se genera un impacto significativo tanto en el bienestar físico y emocional, y cambios en la manera en la que uno se relaciona consigo mismo y con los demás (Vega-García, 2025).
Hablando de un Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA), tenemos que comprender que no solo se trata de comer o no comer, sino del cómo uno se siente al comer; sentimientos de control, culpa, vergüenza y autoexigencia, invaden los pensamientos del mundo interno de una persona, moldeando la manera en la que se percibe así misma. Inclusive, un estudio descubrió que una persona que vive un TCA mantiene una significativa desconexión entre su mente y cuerpo rodeada por evitación, autocrítica persistente y un consumo de comida como manera de regulación emocional (Vega-García, 2025)... El que la culpa provenga de una autocrítica constante y una desconexión entre lo que el cuerpo necesita y lo que la mente interpreta, genera que el comer se sienta como un error, más que como una necesidad.
La alimentación durante un TCA está determinada por el control, la culpa posterior a la ingesta de alimentos y una percepción de autoimagen corporal asociada al miedo, la vigilancia y la distancia emocional (Vega-García, 2025). La culpa no viene sola, sino que está acompañada de pensamientos de control, miedo a subir de peso y una sensación de estar siendo constantemente evaluada por una misma, una vigilancia constante rodeada de pensamientos como “no debí comer esto” o “no tengo fuerza de voluntad”.
Aquí aparecen los conocidos principios del Mindfulness, una práctica que nos invita a conectar con las sensaciones corporales, con las emociones y con los pensamientos durante el acto de comer, y que promueve una experiencia alimentaria más intuitiva, regulada y sobre todo, libre de juicios (Vega-García, 2025). Con un tratamiento complementario y adecuado, el Mindfulness como estrategias en etapas avanzadas del proceso de recuperación, nos abre la posibilidad de experimentar la comida sin culpa y desde un lugar de mayor consciencia.
Así que, tenemos que comprender que la culpa no definirá por siempre nuestra relación con la comida, más bien, que al ser una respuesta aprendida y arraigada puede transformarse y adaptarse de una manera más funcional en nuestro día a día. Enfoques, como la atención plena pueden facilitar el reconocimiento de señales internas como el hambre, mejorar la regulación emocional y contribuir a disminuir conductas alimentarias impulsivas guiadas por la culpa (Vega-García, 2025).
Reconocer que papel que tiene la culpa en la vivencia de un TCA, puede brindarnos una mirada más profunda sobre los procesos internos de la persona, y asimismo contribuir al desarrollo de intervenciones terapéuticas que sean más humanas, compasivas y sobre todo, más centradas en la experiencia individual del paciente. Comprender a la culpa desde un lugar más compasivo permite comenzar a construir una relación más amable con la comida y con uno mismo.
Elaborado por: Swetenia Zenil Castro.
Psicóloga en formación. Actualmente estudia la carrera de Psicología en la Universidad Anáhuac Puebla. Mantiene un profundo interés por los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) y su primordial objetivo es centrarse en visibilizar la lucha interna que combate una persona en relación a su cuerpo, moldeada por estándares sociales y culturales dañinos que permean la conducta y generan patrones con la comida marcados por culpa, vergüenza e insatisfacción.
Referencia:
Vega-García, A. (2025). La Alimentación Consciente y la Influencia de la Comida en los Trastornos de la Conducta Alimentaria: Un Estudio de Caso. Universidad de Santander





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