Lo que sabemos (y lo que ignoramos) sobre los TCA en hombres
- alimentandoemocion
- hace 5 días
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“Los trastornos de la conducta alimentaria son cosa de mujeres”. Durante muchos años esa idea se ha repetido tanto que muchas personas creen que es verdad pero no es así, el problema es que, cuando esto ocurre, muchas veces pasa desapercibido. Nadie imagina que puedan estar luchando con la comida, con su cuerpo o con una dismorfia corporal.
Cuando el trastorno pasa desapercibido
Samuel tiene 22 años. Todos lo describen como un joven disciplinado. Nunca falta al gimnasio, pesa cada alimento, lleva sus alimentos en recipientes a todos lados y rara vez rompe su rutina.
Quienes lo rodean lo felicitan por su constancia. Le dicen que ojalá todos tuvieran esa fuerza de voluntad.
Pero nadie sabe que, si un día no puede entrenar, siente una ansiedad intensa. Frente al espejo nunca logra verse suficientemente musculoso y cualquier comida fuera de su plan le provoca culpa. Poco a poco dejó de salir con amigos para no alterar su alimentación y comenzó a organizar toda su vida alrededor del ejercicio y el control de su cuerpo.
Lo que desde afuera parece disciplina puede esconder un profundo sufrimiento. Samuel vive con dismorfia corporal y un trastorno de la conducta alimentaria, pero difícilmente alguien lo sospecha porque su conducta suele ser interpretada como compromiso con un estilo de vida “saludable”.
Jorge, por otro lado, tiene 39 años. Desde hace años experimenta episodios en los que siente que pierde completamente el control al comer. Después aparecen la culpa, la vergüenza y la promesa de que “ahora sí” tendrá suficiente fuerza de voluntad.
Su familia piensa que solo necesita hacer una dieta más estricta. Él también lo cree. Ha visitado distintos nutriólogos, probado múltiples planes de alimentación e incluso considera someterse a una cirugía bariátrica porque está convencido de que el problema es la falta de disciplina.
Sin embargo, nadie le ha explicado que estos episodios pueden formar parte de un trastorno por atracón y que el tratamiento no consiste únicamente en controlar la comida, sino también en comprender las emociones que mantienen el problema.
Las historias de Samuel y Jorge son diferentes, pero ambas reflejan una realidad frecuente: muchos hombres viven un trastorno alimentario durante años sin recibir ayuda porque ni ellos ni quienes los rodean logran reconocer lo que está ocurriendo.
En México, los trastornos de la conducta alimentaria también afectan a los hombres, aunque con menor frecuencia que a las mujeres. La Secretaría de Salud señala que dos de cada diez personas con un trastorno de la conducta alimentaria son hombres; sin embargo, este grupo suele estar subdiagnosticado, lo que puede retrasar hasta cinco años el diagnóstico y el acceso a un tratamiento oportuno. Entre las principales causas se encuentran los estereotipos de género, la creencia de que estos trastornos son exclusivos de las mujeres y la dificultad para identificar sus manifestaciones en la población masculina (Secretaría de Salud, 2025).
“Eso no le pasa a los hombres”
Cuando un hombre tiene comportamientos o síntomas de anorexia o bulimia el panorama llega a ser más complicado porque la familia llega a minimizar las señales pensando que está “cuidando su alimentación” y hay quienes creen que un hombre no puede desarrollar este tipo de trastornos porque siempre se han relacionado con las mujeres, generando una barrera enorme. Muchos hombres sienten vergüenza de hablar lo que viven por miedo a que no les crean, haya burlas hacia ellos o que cuestionen su masculinidad.
El papel del entorno en los trastornos alimentarios
Los trastornos de la conducta alimentaria no aparecen por una sola causa. Son el resultado de la interacción entre factores biológicos, psicológicos, familiares, sociales y culturales. Dentro de ellos, el entorno desempeña un papel importante tanto en el desarrollo como en el mantenimiento del problema.
Cuando las emociones son invalidadas, el cuerpo recibe comentarios constantes, el sufrimiento se normaliza para alcanzar un ideal físico o pedir ayuda se interpreta como una señal de debilidad, las personas tienen menos posibilidades de reconocer que necesitan apoyo.
Aunado a esto, en el caso de muchos hombres, existen mensajes culturales que dificultan aún más expresar el malestar emocional. Frases como “los hombres no lloran”, “un hombre de verdad aguanta” o “resuelve tus problemas solo” pueden hacer que hablar de ansiedad, miedo, vergüenza o inseguridad corporal se perciba como un signo de debilidad.
Como consecuencia, muchas personas retrasan la búsqueda de ayuda y el trastorno continúa avanzando mientras el sufrimiento permanece invisible.
Las historias detrás del diagnóstico
Detrás de cada trastorno de la conducta alimentaria existe una historia distinta. Aunque los síntomas pueden ser similares, la forma en que cada persona experimenta la enfermedad está influida por su contexto, sus experiencias, sus relaciones y la manera en que ha aprendido a enfrentar sus emociones.
Las historias de Samuel y Jorge muestran que un trastorno alimentario no siempre tiene la misma apariencia. En algunos casos puede manifestarse a través de una búsqueda constante de un cuerpo más musculoso y un ejercicio excesivo; en otros, mediante episodios recurrentes de atracones acompañados de culpa, vergüenza y aislamiento. A pesar de sus diferencias, ambas historias reflejan una misma realidad: el sufrimiento suele permanecer oculto porque los estereotipos dificultan reconocer que los hombres también pueden vivir un trastorno de la conducta alimentaria.
Entender estas experiencias nos recuerda que el diagnóstico no depende únicamente de la conducta alimentaria o del peso corporal, sino del impacto que el trastorno tiene en la salud física, emocional y social de la persona. Por ello, escuchar las historias individuales permite entender el problema más allá de los síntomas visibles y favorece una detección e intervención oportunas.
Reconocer que los hombres también pueden experimentar un trastorno alimentario no significa restar importancia a lo que viven las mujeres. Significa ampliar nuestra comprensión para que ninguna persona quede fuera de la conversación, del diagnóstico o del tratamiento.
Hablar de estos temas ayuda a romper el estigma. Y pedir ayuda nunca será un signo de debilidad, sino un acto de valentía.
Elaborado por: Arantza Pichel Botello.
Estudiante de Psicología en la Universidad Anáhuac Puebla, con interés en la psicología clínica. Comprometida con el estudio y atención de los TCA, motivada por su complejidad y por la alta prevalencia en la población actual. Cree en que la importancia de promover una relación más compasiva con el cuerpo y la alimentación es base para la salud mental.
Referencias
Secretaría de Salud. (2025). Secretaría de Salud llama a identificar señales tempranas de los trastornos de la conducta alimentaria. Gobierno de México. https://www.gob.mx/salud/prensa/230-secretaria-de-salud-llama-a-identificar-senales-tempranas-de-los-trastornos-de-la-conducta-alimentaria





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