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Con ecos y flores

  • alimentandoemocion
  • 9 jul
  • 2 min de lectura

Desde un lugar compasivo,

lleno de suspiros

y con esperanzas disueltas

en un infinito abismo,

«llega Alimentando Emociones,

sosteniéndose a través

de fuertes voces.»


Suelta la mirada honesta,

espera con ecos de paciencia

y abre la puerta a un mundo de ideas

donde la noche deja de ser sentencia

y comienza a pronunciar


Entre nobles esfuerzos

y adversidades en tiempos dispersos,

encuentra enorme sosiego

en un profundo secreto:


«la valentía de atreverse

a mirar con verdad el silencio.»


Porque hay silencios

que conocen el nombre del miedo,

que se esconden detrás de una

que jamás aprendió a mirarse con ternura.


Entonces alguien permanece,

sin prisa,

respirando el instante

como quien descubre en el mindfulness

que una flor también florece

sin pedir permiso al tiempo.


Y cuando el viento parece dispersarlo todo,

hay manos invisibles

que sostienen el jardín:

capaces de cargar la esperanza

cuando las propias fuerzas descansan.


Quizá la vida no consista

en dejar de temblar,

sino en aprender que cada latido

también merece una nueva

hasta descubrir que incluso los ecos

pueden convertirse en flores.


Y así,

con ecos y con flores,

Alimentando Emociones

continúa sembrando aquello

que nunca deja de crecer:

la esperanza en todos aquellos corazones.


Elaborado por: Swetenia Zenil Castro.

Psicóloga en formación, actualmente estudia la carrera de Psicología en la Universidad Anáhuac Puebla. Mantiene un profundo interés por los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) y su primordial objetivo es centrarse en visibilizar la lucha interna que combate una persona en relación a su cuerpo, moldeada por estándares sociales y culturales dañinos que permean la conducta y generan patrones con la comida marcados por culpa, vergüenza e insatisfacción.


Foto de Joerg Hartmann
Foto de Joerg Hartmann

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