Cómo desenmascarar la cultura de la dieta
La cultura de la dieta a veces se disfraza de bienestar, disciplina y esa promesa de convertirse en “tu mejor versión”.
Estás viendo redes antes de dormir, ves a una chica preparando un desayuno muy bonito, después hace ejercicio, acomoda su cuarto, toma mucha agua, enseña su rutina de skincare y cuenta que dejó el azúcar porque quería “sentirse mejor”. Sigues scrolleando y ves a otra persona que habla de los alimentos que dejó para “desinflamarse”. Después aparece un “what I eat in a day”. Luego alguien explica los cinco hábitos que necesitas para un “glow up”.
Cierras el celular.
No viste ningún anuncio de una dieta. Nadie te dijo que tenías que bajar de peso. Y, sin embargo, te quedaste con una sensación extraña:
Mañana deberías hacerlo mejor. Comer mejor, moverte más, tener más disciplina, cambiar algunas cosas de tu cuerpo e incluso parecerte más a ellas.
La cultura de la dieta sigue ahí. Solo que ahora habla diferente.
La dieta cambió de nombre
Hace algunos años era mucho más fácil reconocerla. Estaba en las revistas que prometían bajar cinco kilos en una semana, en las dietas milagro y en las fotos de antes y después.
El mensaje era muy claro: adelgazar para mejorar.
Hoy ese discurso puede resultar demasiado evidente. Ahora pocas veces te dice “haz dieta” ahora te dice “cuida tus hábitos”, habla de “disciplina”. La pregunta real es ¿cambió realmente el mensaje?
Cuando el bienestar empieza a parecerse al control
Cuidarte no tiene nada de malo.
Comer de manera nutritiva tampoco. Hacer ejercicio, descansar, tener una rutina o querer sentirte fuerte pueden formar parte de una relación muy bonita con tu cuerpo.
El problema comienza cuando cuidarte se convierte en vigilarte, cuando descansar te hace sentir culpable, cuando comer algo que disfrutabas viene con la necesidad de compensarlo, cuando faltar un día al gym parece un fracaso, cuando ciertos alimentos se convierten en buenos, malos o prohibidos.
Porque hay una diferencia enorme entre “elijo estar bien porque me hace sentir bien” y “tengo que elegir esto porque, sino estoy haciendo algo “mal”. Desde afuera pueden parecer exactamente la misma decisión, pero por dentro, son completamente diferentes.
¿Y si el problema nunca fue la ensalada?
Una ensalada puede ser simplemente una ensalada. También puede ser el castigo por la pizza de ayer.
El ejercicio puede ser una forma de sentir tu cuerpo fuerte, liberar estrés, divertirse o compartir tiempo con alguien. También puede convertirse en la manera de “compensar" lo que comiste.
Incluso querer cambiar un hábito puede nacer desde dos lugares diferentes: “quiero cuidarme”” o “no me gusta quien soy así”.
Porque quizá una de las mejores formas de detectar la cultura de la dieta no sea preguntarnos únicamente “que estamos haciendo”, sino “desde dónde lo estamos haciendo”.
¿Desde el cuidado?
¿Desde el disfrute?
¿Desde la curiosidad?
¿O desde el miedo, la cultura y la sensación de que nuestro cuerpo siempre necesita ser corregido?
Cuando eres adolescente, todo esto puede sentirse todavía más fuerte
La adolescencia ya trae suficientes preguntas:
¿Quién soy?
¿Dónde encajo?
¿Les caigo bien?
¿Soy suficiente?
¿Cómo me ven los demás?
Y ahora muchas de esas preguntas se responden frente a una pantalla.
Las redes sociales nos permiten encontrar personas con nuestros mismos intereses, descubrir comunidades y expresarnos. Pero también nos colocan frente a una cantidad enorme de cuerpos, rutinas y vidas con las cuales compararnos.
La American Psychological Association ha señalado la relación entre la comparación de la apariencia en redes sociales, una peor imagen corporal y determinadas conductas alimentarias desordenadas durante la adolescencia.
Tal vez necesitamos otro tipo de “glow up”
Cuestionar la cultura de la dieta no significa dejar de cuidar nuestra alimentación, tampoco significa dejar de hacer ejercicio o ignorar nuestra salud. Significa intentar construir esos hábitos desde un lugar diferente.
Moverte porque disfrutas sentir tu cuerpo. Descansar cuando lo necesitas sin pensar que perdiste el día. Comer algo rico sin preguntarte inmediatamente cómo vas a compensarlo. Elegir alimentos nutritivos porque te cuidan, no porque los demás estén “prohibidos”.
Quizá el verdadero glow up ocurre cuando podemos cuidarnos sin castigarnos, mover nuestro cuerpo sin pelear con él, comer sin convertir cada elección en un examen.
Y entender algo que puede tomar mucho tiempo aprender: tu cuerpo no tiene que convertirse en otro para merecer que lo cuides.
Elaborado por: Arantza Pichel Botello.
Estudiante de Psicología en la Universidad Anáhuac Puebla, con interés en la psicología clínica. Comprometida con el estudio y atención de los TCA, motivada por su complejidad y por la alta prevalencia en la población actual. Cree en que la importancia de promover una relación más compasiva con el cuerpo y la alimentación es base para la salud mental.
Referencias:
American Academy of Pediatrics. (2016). Preventing obesity and eating disorders in adolescents. Pediatrics, 138(3), e20161649. https://doi.org/10.1542/peds.2016-1649
American Academy of Pediatrics. (s.f.). Concerning eating disorder content. Center of Excellence on Social Media and Youth Mental Health.
American Psychological Association. (2023). Health advisory on social media use in adolescence.
UNICEF. (s.f). Teens and body image.





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