Repensar las dietas desde la salud emocional y su origen
- alimentandoemocion
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La dieta a lo largo del tiempo se ha establecido como una práctica normalizada y muchas veces, de exigencia que responde a tres discursos, la salud, la estética y la clase. Estás prácticas surgen desde un sentido social donde la delgadez representa éxito, disciplina y responsabilidad, y donde ya no solo cumplen una función de regulación emocional, sino de moral, en la que a través de la aceptación y validación, no comer ciertos alimentos representa autocontrol y pertenencia (Díaz-Méndez et al., 2026).
Muchas personas al decidir iniciar una dieta, tienen la buena intención de sentirse mejor, cuidar su salud y recuperar su confianza, y ninguna de estas razones es incorrecta. Sin embargo, con el paso del tiempo se dan cuenta de que no solo están cansadas físicamente, sino emocionalmente, y que la dieta no solo va a regular lo que comen, sino el como se hablan, como se miran y como se juzgan. Y es que cuando comer se vuelve una prueba constante de la capacidad que uno tiene de autocontrol, es difícil sentirse en paz. Inclusive cuando las personas deciden soltar la dieta, una de las primeras cosas que ganan, es alivio, alivio de la culpa que representa sentir que están fallando todo el tiempo.
Dentro de la crítica a la dieta, se encuentra que al centrarse en la pérdida de peso, se deja a un lado la salud integral y el bienestar emocional de la persona, y que inclusive, tiene un efecto rebote, donde a través de su modelo restrictivo crea ciclos de culpa, frustración y autoexigencia. Asimismo, refuerzan jerarquías que ven a la alimentación con vigilancia, control y exclusión y que empujan a las mujeres a sentir la necesidad de que su cuerpo debe ser vigilado y modificado para ser “aceptable” (Díaz-Méndez et al., 2026).
Es tanto tiempo obedeciendo las reglas externas, que las personas dejan de distinguir si tienen hambre, antojo, cansancio o ansiedad, y en lugar de escucharse, sólo reducen sus emociones a si pueden o no pueden comer. Esto nos abre la posibilidad de volver a preguntarnos ¿qué es lo que necesito ahora?, y esta introspección también es cuidar nuestra salud mental. Comer sin dieta no significa comer sin conciencia, significa comer con menos miedo, ya que cuando este baja, el cuerpo aprende a regularse de una mejor manera.
Cuidarse también será la manera en la que cuestionamos la salud, que más allá del peso, sea cuidar pequeños hábitos, dormir mejor, vivir con menos culpa, relacionarse con la comida sin miedo y habitar un cuerpo con cariño y autocompasión. Que empezar a cuidarnos sea cuestionar de dónde viene nuestra necesidad de llevar un dieta, a partir de la apariencia física o de la necesidad de querer comer sano y alimentarnos conscientemente.
Elaborado por: Swetenia Zenil Castro.
Psicóloga en formación. Actualmente estudia la carrera de Psicología en la Universidad Anáhuac Puebla. Mantiene un profundo interés por los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) y su primordial objetivo es centrarse en visibilizar la lucha interna que combate una persona en relación a su cuerpo, moldeada por estándares sociales y culturales dañinos que permean la conducta y generan patrones con la comida marcados por culpa, vergüenza e insatisfacción.
Referencia:
Díaz-Méndez, C., Pérez-Gañan, R. & Sánchez-Sánchez, S. (2026). Entre la salud y la estética: género, poder y clase en los discursos de mujeres a dieta. Revista OBETS, 21(1), 117-142. https://doi.org/10.14198/obets.30890





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